...Encendí la lámpara e iluminé la silla. Lo que tenía en las manos era un minúsculo libro. En la portada ponía: “La bebida púrpura y la isla mágica”. Empecé a hojearlo. Era muy pequeño, pero tenía más de cien páginas con letra también diminuta. Lo abrí por la primera página e intenté leer sus pequeñísimas letras, pero era totalmente imposible. Entonces me acordé de la lupa que me había regalado el enano de la gasolinera. Busqué en mis pantalones, en uno de mis bolsillos encontré la lupa dentro de su estuche verde y la puse sobre las letras de la primera página. Seguían siendo minúsculas, pero ahora eran lo suficientemente grandes como para poder leerlas inclinando la cabeza sobre la lupa...
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